La sobreprotección en los cachorros

 ¿Es malo sobre proteger a nuestro cachorro? Somos responsables de su bienestar, de su educación y desarrollo pero muchas veces confundimos esta responsabilidad con la necesidad de control y de evitarles todos los males que pudieran ocurrirles. 

Estamos en un momento en el que a los propietarios de perros se nos ha hecho creer en una imagen del perro muy concreta: sociable, obediente, 100% adaptado a nuestras circunstancias, sumiso y controlado en todo momento, olvidando su naturaleza y necesidades más básicas. Ser un buen dueño implica conseguir todo esto de tu perro y si es desde cachorro mejor que mejor.

De lo que no somos tan conscientes es de la incapacidad que generamos cada vez que le quitamos una de las herramientas básicas en la vida que es la adquisición de autonomía. 



Sobreproteger es desproteger




Los dueños debemos observar, estar pendientes de nuestro cachorro pero no intervenir a la primera de cambio, si ladra, si tiene un conflicto con otro perro, si no puede superar un obstáculo físico, si mordisquea algo, si desaparece unos segundo de nuestra vista, si come alguna basurilla… el fruto de esta hipervigilancia es, entre otras cosas, un cachorro con una baja tolerancia a la frustración.

Existe el dueño helicóptero que sobre vuela por encima de su cachorro dirigiendo cada uno de sus pasos, el dueño apisonadora que en vez de preparar al cachorro para que recorra su camino en la vida, controla el camino para que no tenga ningún problema, el dueño mánager que quiere que su cachorro sea un as en un aspecto concreto de su vida, como una disciplina deportiva o adiestramiento concreto, pero olvidan el resto de facetas como la relación con otros individuos de su misma especie, el dueño guardaespaldas que va protegiendo e impidiendo que ningún perro se acerque al suyo por infinitos motivos a cada cual más inverosímil, el dueño perfeccionista que quiere que su cachorro obedezca, aprenda y se comporte como la sociedad espera y que termina sintiéndose culpable por no poder conseguirlo, el dueño incómodo, al que la presión social le puede y exige a su cachorro una serie de comportamientos impuestos por el “que dirán” y que a él, en realidad, no le molestan... y así podríamos añadir un sin fin de tipos de dueños que generamos unos perros humanizados e incapaces. 

El control no es la solución y puede llegar a convertirse en un problema al impedir el aprendizaje. Los dueños tenemos que tener paciencia y ser tolerantes para que nuestros cachorros aprendan las normas y los límites de nuestra convivencia, la tolerancia a la frustración y a resolver sus conflictos sociales, tanto con perros como con personas, sin nuestra presencia inmediata.

Hemos entendido y aplicado muy mal el concepto de autoridad, hay alternativas al control, todo no puede ser NO, no podemos llenar su vida de ordenes e indicaciones solo lógicas para nosotros sin que nos traiga consecuencias. El error tras la toma de una decisión es un aprendizaje muy valioso al que todos tenemos derecho, también nuestros perros, la libertad de elección en la manera de expresar una emoción es un aprendizaje muy valioso al que todos tenemos derecho, también nuestros perros, gestionar y resolver los pequeños conflictos diarios es un aprendizaje muy valioso al que todos tenemos derecho, también nuestros perros.

Tratamos a los perros toda su vida como si fueran un cachorro incapaz, descerebrado, impulsivo, carente de criterio…. Los perros han alcanzado la edad adulta y una buena madurez desde el principio de los tiempos sin nuestra ayuda, debemos ser acompañantes en ese camino, no guías ni directores. Volvamos a recordar la naturaleza de un perro, sus motivaciones y necesidades básicas, devolvamosles las capacidades que tanto admiramos y que cada día nos sorprenden más por ser cada vez menos habituales y disfrutaremos de esos perros de antes, que todos recordamos por su buen hacer, y que no entendemos porque ya no son así.