Señales de calma en la clínica veterinaria (Ayuda para veterinarios, auxiliares, ATVs, propietarios...)

Desde mi experiencia como voluntaria de casa de acogida tanto de cachorros como de perros adultos y como ATV en las prácticas en clínica veterinaria, he podido observar a los perros utilizando las señales de calma en muchas situaciones: la adaptación a un nuevo hogar, la entrada en la clínica…, pero uno de los despliegues más amplios que he visto, además de en la perrera, ha sido sin duda sobre la mesa de exploración del veterinario.

Los olores, los ruidos, el personal de la clínica y las manipulaciones físicas a las que los perros se ven sometidos les crean una situación de incomodidad e inseguridad, en definitiva de estrés, que les lleva a utilizar todo el abanico de señales de calma. Los perros no entienden que les llevemos al veterinario por su bien, más aun cuando les estamos tocando, raspando y pinchando, es decir, poniéndoles en situaciones límite para ellos, que les resultan incomprensibles. Observamos el estrés que sufren los animales en la clínica porque sudan por las almohadillas palmares, se les cae mucho pelo y se les calientan las orejas y el hocico.

Lógicamente, no vamos evitar que el médico veterinario haga su trabajo para evitarle el estrés a los animales; pero sí que ayudaremos a que este trago sea para el perro lo menos traumático posible, entendiendo, respetando y respondiendo a las señales de calma que nos ofrece el paciente.

Para empezar a acostumbrar a un cachorro a ir al veterinario sin que le resulte traumático podríamos hablar con el facultativo para hacer una visita que no suponga una consulta o vacunación, es decir, que sea algo agradable para el cachorro; por ejemplo, entrar, husmear, unas caricias y un premio. De esta manera, le podemos acostumbrar a ir contento y tranquilo.

El acercamiento al animal cuando entra en la consulta puede ser un buen comienzo. Llevar unos premios y acercarse a él haciendo una curva y darle la espalda agachados, manteniendo una distancia prudente para ofrecérselo le da al perro un poco de margen para acercarse a nosotros y olernos o coger el premio si lo desea. No haremos que este momento dure mucho y le dejaremos comer el premio tranquilo. Por supuesto, no acariciaremos al perro si este no quiere o si evita el contacto físico o visual, escondiéndose detrás de su dueño.

Desde una posición de auxiliares veterinarios o también de propietarios del perro (o gato), nuestra labor será la inmovilización del animal para que el veterinario lleve a cabo los procedimientos necesarios para su anamnesis y curación. En este momento de tanta proximidad con el animal, éste realizará señales para expresar su incomodidad como chuparse la nariz y girar la cabeza. Si pasamos por alto estas señales estaremos dando pie a que el perro gruña para manifestar su malestar o incluso muerda si se siente amenazado o se le está causando dolor. Por ello es muy importante conocer las señales para poder interpretarlas adecuadamente.

¿Cómo utilizamos las señales de calma en este momento tan complicado? De la misma forma que la señal nos la ofrecen en un segundo, podemos responder a ellas al momento, aflojando un poco la presión de la inmovilización, (suficiente para que vea que hemos entendido su señal, pero no como para que salte de la mesa) y retomándola cuando le vayan a realizar la prueba a practicar (termómetro, vacuna, otoscopio…). También si el veterinario nos permite y la salud del animal también, le ofreceremos trocitos de premio sobre la mesa; o si por su patología no puede comer nada le enseñamos bolitas de papel o algodón para que olfatee y se relaje.

En mi opinión, creo que es importante guardar silencio en la exploración y si hablamos al animal hacerlo en un tono bajo para no interferir en las explicaciones del veterinario ni estresar al animal. Además nos resultará más fácil estar atentos a cualquier señal, vocalizada o no, que nos dé el perro.

Durante el cuidado hospitalario o postoperatorio será más sencillo aplicar las señales de calma y observarlas, ya que no nos encontramos con la misma presión que en la consulta en cuanto a tiempo y a presencia del propietario, que suele intervenir en la inmovilización e incluso gritar o pegar al animal que se pone nervioso, empeorando la situación.

Lógicamente, no todos los propietarios actúan así y es importante observar si el perro prefiere que sea su dueño quien lo sujete mientras le exploran o le curan. Es curioso que muchos animales prefieran, sintiendo nuestra actitud respetuosa con lo que ellos intentan expresar, que seamos las auxiliares quienes estemos a su lado en ese momento, ante el pasmo de los dueños que suelen comentar que es un comportamiento “raro” o poco habitual porque su perro es desconfiado.

Los pacientes hospitalizados, pueden estar inmovilizados por su patología, por ello es importante observarles; ya que ellos mismos nos hacen notar cuándo no quieren ser acariciados o simplemente no les apetece estar acompañados: se tumban y nos dan la espalda o giran la cabeza cuando les hablamos. Si el tratamiento o la cura pueden esperar un poco, intentaremos que el animal se sienta cómodo antes de aplicarlo para que nos resulte más sencilla la interacción con él.

Estas pautas las he utilizado en las prácticas en clínica y por ello me he animado a escribir estas líneas, reconozco que no se puede evitar una sonrisilla de orgullo cuando el dueño comenta que con lo agresivo/asustadizo/desconfiado que es su perro/gato qué bien se ha portado y lo tranquilo que ha estado con nosotros.

Conocer las señales de calma y saber interpretarlas resulta beneficioso para los canes, sus dueños y, en definitiva, para profesionales (veterinarios, peluqueros, auxiliares,…) que tengan que tratar con ellos; ya que nos ayuda a conocer lo que les incomoda, facilita nuestro trabajo y mejora nuestra relación con los perros.


Lorena de Frutos, educadora canina y auxiliar de veterinaria en Zintzoa Etología y Educación Canina